Los gatos crispan la noche
la soledad moja mi alma,
habita y se revuelca en mi cama.
Escucho poesía mientras me amas
y todo va al ritmo
del nivel constante y primitivo
de la estupidez que se confunde
con un sabio en el mar
y una fruta en el árbol de la histeria .
La escultura
que haces con tus manos
termina por ser yo
y el color que saboreo
solo tú me lo das
aunque anhele
las cuerdas de plata
y de luna
del extraño
que se introduce en mi cráneo.
La apreciación
de mis ojos es daño
cuando
la sombra penetra
y retumba
en la penumbra
de la faz
de la santa y divina tierra
irrigada de latidos
emigrantes y hundidos
abajo de las piedras y el mar.
La mosca se prepara a disparar
jala el gatillo y ¡bang!
La locura ha terminado de ulular
la carnada ahora es la jauría
que no para de referir su memoria
en ladridos atenuados por el vidrio
y la luz lunar artificial
que reflejada en el espejo
llega a calmar
las ansias de morir.
La ansiedad que me devora y enflaca,
que me odia y me ama
y se vuelve la puta
que siempre he querido contemplar
sin poder cojerla.
La mirada de ella
que trato de evitar
se me impregna
y me parto a la mitad.
Mi otro lado
no sé en dónde puede estar
tal vez al otro lado del mar
con un pequeño canturrear.
Y quiero acariciar
el pensamiento
vago y preciso
que acabo de olvidar,
la página del libro
que acabo de leer,
el día que acabo de vivir.
En la desnudez del llanto
nadie puede gemir sin canto
ni hablar sin sal regada
en plata ennegrecida
por el disfraz de mimo
que la luz le da.
Sin los calzones puestos,
con la cabeza abajo
no paro de soñar
lo que es cansado
y nadie puede escuchar.
Con la criatura enfrente,
en el espejo,
no puedo meditar
sobre los símbolos
y el miedo,
el dharma,
la vida y lo demás.
Con el entendimiento
embarrado en el piso,
los pies colgados al techo,
me pongo a caminar
reinvento el mundo
cuando me deje su altura y edad,
soy el profeta vuelto
salido de la alcantarilla.
vengo de la subterraneidad,
tengo el canto sagrado
que no he podido expresar
del desconocimiento absoluto de la verdad,
tengo las palabras tercas
que nadie quiere escuchar,
tengo el futuro en los ojos
que me quiero sacar
y la cuchara con la que los he de arrancar.
Los gatos cesaron,
la noche se calla.
El rumor de tu lejanía dormida
me viene a despertar
y tus sueños
profanan la sacralizad
de los míos
que nunca logré recuperar.
El piano escupe
matices de grises
y no podré comprender
todo lo que he dicho
ni por qué me habría de callar.
Ni por què la insistencia
de querer fumar
en el nicho de tu vientre
tan suave y blanco
que no quise guardar.
Las palabras
siempre han sido
ajenas a nosotros.
Lo que sabemos
es solo parte
de la ilusión formada
por las letras
y la confusión condenada
para vivir en paz.
No hay que entender nada
ni hay nada que entender.
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poesía en larguísimo aliento, tienes estrofas bien interesantes, como esa de los calzones..
ResponderEliminareste está chido, tiene un ritmito hopper bien ponedor.
ResponderEliminarjuh!