martes, 2 de junio de 2009

Para. Soñar.

A veces no hay tiempo para divagar y enamorarse porque entonces la vida cae de putazo.
Hoy escuchaba al secretario de seguridad pública creo, da lo mismo, a un puerco más. Hablaba de que el próximo lunes se pondrá a "trabajar" la nueva Polocia Federal, que si la PFP ya era una mierda pues la sustituyen por algo peor (cosa que además aprobaron mientras nos tenían paralizados del miedo -con la influenza, claro-). Sí ya sé. No me podré sentir libre de escribir esto ni otras cosas más, que mierda. Porque seguramente esta policia si claro, va a combatir el narcotráfico y nada más cómo no va ser. ¡Qué útil! (¡¡¡Hipócritas!!!)
Entonces me voy a la escuela con mi dolor de rodilla, de cuello y mi poco dormir. Mi dolor de cuello que no me deja ver hacia bajo (hacia donde siempre veo). En el metro copilco cerrada una salida, bueno pues. Sigo. Me voy acercando a la facultad y prefiero ver hacia abajo a pesar del dolor, levanto la mirada y veo a una señora mucho mayor que yo y mucho más encorvada de lo que yo voy. Pienso: "La vida pesa un chingo" y sigo el caminar.
Voy algo estresada por mi examen de latín para el cual no estudié y decido comprar un paquete de mentas y un cigarro. Y ya voy a subir las escaleras para llegar a la facultad y de nuevo acordonado. Pienso: Sí, la vida pesa un chingo y está llena de caminos cerrados. El cigarro se apaga, lo vuelvo a prender y en unas cuantas fumadas me empieza a doler la llaga que traigo en la boca. ¡Puta madre! Sigo.
Llego al "ágora" donde hay mucha más gente de lo usual y busco a quien voy a ver. Llegué demasiado temprano y en vez de encontrar a quien buscaba me encuantro a otro amigo que me pregunta como estoy. Le digo que no tan bien y me pregunta: ¿Viste, te impresionaste?
-No, ¿de qué?
-Es que está acordonado porque mataron a un wey aca afuera.
Y ya se imaginan cómo se me vino el mundo encima.

Blablabla

Los gatos crispan la noche
la soledad moja mi alma,
habita y se revuelca en mi cama.
Escucho poesía mientras me amas
y todo va al ritmo
del nivel constante y primitivo
de la estupidez que se confunde
con un sabio en el mar
y una fruta en el árbol de la histeria .

La escultura
que haces con tus manos
termina por ser yo
y el color que saboreo
solo tú me lo das
aunque anhele
las cuerdas de plata
y de luna
del extraño
que se introduce en mi cráneo.

La apreciación
de mis ojos es daño
cuando
la sombra penetra
y retumba
en la penumbra
de la faz
de la santa y divina tierra
irrigada de latidos
emigrantes y hundidos
abajo de las piedras y el mar.

La mosca se prepara a disparar
jala el gatillo y ¡bang!
La locura ha terminado de ulular
la carnada ahora es la jauría
que no para de referir su memoria
en ladridos atenuados por el vidrio
y la luz lunar artificial
que reflejada en el espejo
llega a calmar
las ansias de morir.
La ansiedad que me devora y enflaca,
que me odia y me ama
y se vuelve la puta
que siempre he querido contemplar
sin poder cojerla.

La mirada de ella
que trato de evitar
se me impregna
y me parto a la mitad.
Mi otro lado
no sé en dónde puede estar
tal vez al otro lado del mar
con un pequeño canturrear.
Y quiero acariciar
el pensamiento
vago y preciso
que acabo de olvidar,
la página del libro
que acabo de leer,
el día que acabo de vivir.

En la desnudez del llanto
nadie puede gemir sin canto
ni hablar sin sal regada
en plata ennegrecida
por el disfraz de mimo
que la luz le da.

Sin los calzones puestos,
con la cabeza abajo
no paro de soñar
lo que es cansado
y nadie puede escuchar.
Con la criatura enfrente,
en el espejo,
no puedo meditar
sobre los símbolos
y el miedo,
el dharma,
la vida y lo demás.

Con el entendimiento
embarrado en el piso,
los pies colgados al techo,
me pongo a caminar
reinvento el mundo
cuando me deje su altura y edad,
soy el profeta vuelto
salido de la alcantarilla.
vengo de la subterraneidad,
tengo el canto sagrado
que no he podido expresar
del desconocimiento absoluto de la verdad,
tengo las palabras tercas
que nadie quiere escuchar,
tengo el futuro en los ojos
que me quiero sacar
y la cuchara con la que los he de arrancar.



Los gatos cesaron,
la noche se calla.
El rumor de tu lejanía dormida
me viene a despertar
y tus sueños
profanan la sacralizad
de los míos
que nunca logré recuperar.

El piano escupe
matices de grises
y no podré comprender
todo lo que he dicho
ni por qué me habría de callar.
Ni por què la insistencia
de querer fumar
en el nicho de tu vientre
tan suave y blanco
que no quise guardar.

Las palabras
siempre han sido
ajenas a nosotros.
Lo que sabemos
es solo parte
de la ilusión formada
por las letras
y la confusión condenada
para vivir en paz.
No hay que entender nada
ni hay nada que entender.