sábado, 28 de noviembre de 2009

Dime, pues, "esos no son héroes"

Quiero escribir ¿qué? Nunca se sabe... Quiero hablar de mis héroes.
No son los infanitiles que son capaces de renacer sólo para que le sigan pasando cosas que van a poder resolver a pesar de cuán grande sea el conflicto al que se enfrenten. Todo después sale bien.
No es ése que salva gente con poderes sobrehumanos y tiene un archienemigo al que siempre podrá vencer.
Mi héroe es ése que su enemigo es la propia vida y nunca sabe cómo acabar con ella de una buena manera. Tiene algo de altruismo que no sabe cómo sacar. Está lleno de torpeza, pero trata de entender, de una y mil maneras: bencedrina, yagé, ritos, historias...
Ése al que no todo le sale bien, el que odia restañar la sangre después de haberse incrustado una navaja en las venas o quizá una jeringa, pero aún así lo hace.
Es ése que sí piensa en los demás, tanto que primero está él.
No es el que se muere de vergüenza cuando algo sale mal, se muere de vergüenza todos los día porque nada sale bien.
Es ése que intenta dejar sus vicios mientras los ama hasta odiarlos.
No, él no está seguro de que todo saldrá bien pero sin embargo lo intenta, le salé mal y se lamenta. Lo inenta componer, siempre son insuficientes sus esfuerzos.
Mi héroe es ése que a pesar de que no tenga esperanzas intenta algo que le de, no llegan, aún así sigue esperando , sigue pensando, sigue intentando vivir...

lunes, 12 de octubre de 2009

La sinfonía del ensueño.

Se me cierra un ojo,el otro.
La sinfonía del ensueño.
La vida es sentir
el espiral en que caes,
el borde a tus pies,
el suelo a tu lado.

Se me cierra un pedazo,
se me cierra el otro
(del cerebro),
la vida es sentir
los golpeteos de la energía desprendida,
los guitarrasos de la soledad,
los chirridos de la compañía,
los tamborasos de la ciudad asfaltada.

Se me cierra una mano
se me cierra la otra,
la vida es sentir
la fragmentación de la luz,
la brillantez de lo obscuro,
los besos chispeantes,
los dedos amarrados.

Se me cierran las piernas,
la vida es sentir
que te cojan a fuerzas,
que te amen sin vida,
que te enciendan de esencia.

Se me cierra la boca,
la vida es sentir
el cielo como prisión,
el mar como la esperanza,
el pasto como absoluto.

Se me cierran los tímpanos,
la vida es sentir
las caricias del fracaso,
el dolor de la felicidad,
la soledad de la existencia,
el entusiasmo de la ebriedad.

Se me cierran los pulmones,
la vida es sentir
la felicidad de la inmovilidad,
la pequeñez de lo infinito,
la invisibilidad de la fe,
lo absurdo de la esperanza.

Se me cierran venas, arterias,
todo lo que no me queda,
la vida es sentir
la inmediatez del engaño,
el regaño de la sobriedad,
la mesura perdida,
la vida enfermiza,
las consecuencias de amarnos,
la musiquita soñada,
el sobresalto al despertar,
el ritmo cortado
de un fragmento de mundo.

Se me cierra la vida,
la vida es sentir...
la muerte.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

LA GENTE DE ARRIBA.

Arriba pareciera que todo es mejor, existen desde hace mucho tiempo los de arriba y los de abajo, desde arriba a veces las cosas se ven mejor, a muchos les gustaría estar arriba (en muchos sentidos).

Con sueños y nubes son conocidos en un lugar de Santa Fe, y seguro en otros lados, como “la gente de arriba”. Podrían tener todo pero se conforman con suficiente, ahí tienen lo necesario para tener un mundo, su mundo propio. Adueñarse de la vista en los atardeceres pero también compartirla, muchos ignoran lo que hace “la gente de arriba” pero saben que ahí están y que su lugar es respetable porque han luchado por conservarlo en las alturas, sobre todos, un lugar así nadie debería desperdiciarlo (pero no todos saben eso…)

Vigilan la ciudad, ven sin que nadie mire, captan imágenes precisas e importantes que conservan en un lugar sagrado (su memoria), no se preocupan tanto por su aspecto porque ellos tan arriba han estado que han logrado entender que eso no dice quién eres, a veces ensimismados meditan sobre cualquier cosa y otras conversan con interferencia de fondo combinada con música proveniente de un radio viejo.

Solo ellos saben como han llegado ahí, tal vez algún día todos lo sepamos, tal vez es algo que pocos nos atrevemos a hacer, seguir instintos, decir que sí, decir que no, no decir “no sé” De algún modo llegaron y todos los conocen, cuando las demás personas van arriba otras personas advierten “si hay gente arriba sabes que debes volver abajo” tal vez es miedo a conocer gente diferente lo que las hace decir eso o miedo a ser, algún día, parte de ellos. Tal vez surge un cierto respeto al territorio no ajeno pero tampoco propio o solo es el simple temor de ver las cosas desde otra vista, de más alto.

Esperanza es algo que pocos tienen y ellos se han resignado a que las migajas no quitan el hambre pero dan esperanza, ellos ya saben que si no luchas no sigues pero cada quien tiene su propia lucha y cada quien sigue hacia donde quiere ir, cuando te cierran una puerta no te quedas sentado frente a ella esperando a que se abra, no puedes dejar perder algo que era tuyo y eso demostró la gente de arriba el día que los de abajo cerraron las puertas de las alturas para que volvieran abajo junto con ellos como alguna vez estuvieron, pero en su lucha de seguir siendo la gente de arriba arriesgaron su porvenir para no ser parte de los de abajo otra vez, escalaron hasta donde debían estar , a donde ellos pertenecían, a “arriba”, escalaron sosteniéndose de la vida por las paredes de los edificios de cuando los de abajo cerraron las puertas de las azoteas intentando no tener (ni un día más) gente encima de ellos.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Carta.

Tu carta,
con olor
a pantalón mojado
a falo succionado
por labios anidados
en un rincón
de los tuyos.
Tu carta con olor
a la tinta de tus dedos
que me acarician,
por arriba,
por abajo,
por adentro...
Carta con olor
a tu desierto: Yo
a tu misterio: Tú
a tu concierto: Yo
a tu instrumento: Tú
a tu iglesia: Yo
a tu tristeza: Yo
A tu Yo Yo Yo;
tu felicidad:
Tú-Yo.
Tuyo mi beso,
tuyo mi cuerpo
tuyo mi ser que no para
un instante.
Un instante
y tu mirada vuelve
a tocarme
y la madrugada
resuelve la ingratitud.

domingo, 12 de julio de 2009

Una entrada para mi blog.

A los que tienen miedo de perderla,
la razón se les pega como una garrapata.
¿Y a los qué tienen esperanza...?
Samuel Beckett.

Busco en en mi cerebro, escarbo en mis ideas una y otra vez, no tengo nada. No tengo, no sé, no puedo... Apenas una entrada cada mes... Ya casi es la mitad de este y mi cerebro parece adolorido de tanto que le rasco y escruto y nada... Derrepenté mi cerebro me da un poco de sangre de tanto rascarle pero empieza a apestar y de nuevo lo que tengo se vuelve nada... Y es que qué puedo escribir sino un eterno YO lleno de nada o de un montón de cosas que se vuelven nada o que empiezan a apestar después de un rato -como la baba, como la sangre, como la gente-, un enterno Yo lleno de sueños finitos (e infinitos) como esa lluvia que pinsas que no moja y después te empapa, un Yo con miedo pretensioso a volverse loco (igual que el del personaje de mi libro -por suerte el más miserable-), un Yo lleno de cartas de cartas a ti , a ti, y a ti, olvido. Un Yo lleno de letras y letras que no llenan, un YO, YO y YO igual al de todos los que escriben... Qué puedo decir en un día como este... un año más encima de mí y las palabras dónde ¿por qué no se trepan igual que lo años? El Yo de mis manos que sufren al no escribir, que se enorgullecen al escribir una eterna nada, que se frustran al no saber usar los puntos, las comas, las propias palabras... El Yo de mi cuerpo que camina y hace escritos en la tierra, en el cemento, en la escalera eléctrica del metro, que los demás pisotean y que yo volteo a ver como si dijera algo, algo ¿qué? Todos son transcritos y no escritos ¿y mi "prosa espontánea" que mi maestro me inculcó? Mi maestro no visible y el otro que me da y me quita la esperanza... La esperanza de poder escribir algo... Tal vez me falta estar ebria, ebria de... de algo, de tristeza, de alcohol (de pulque no porque me hacen pozole) de lo que sea menos de felicidad porque esa no sirve para escribir.... Y ya estuve aquí y sin nada que escribir llené esto de letras y sin nada que escribiera ya leyeron esto...

martes, 2 de junio de 2009

Para. Soñar.

A veces no hay tiempo para divagar y enamorarse porque entonces la vida cae de putazo.
Hoy escuchaba al secretario de seguridad pública creo, da lo mismo, a un puerco más. Hablaba de que el próximo lunes se pondrá a "trabajar" la nueva Polocia Federal, que si la PFP ya era una mierda pues la sustituyen por algo peor (cosa que además aprobaron mientras nos tenían paralizados del miedo -con la influenza, claro-). Sí ya sé. No me podré sentir libre de escribir esto ni otras cosas más, que mierda. Porque seguramente esta policia si claro, va a combatir el narcotráfico y nada más cómo no va ser. ¡Qué útil! (¡¡¡Hipócritas!!!)
Entonces me voy a la escuela con mi dolor de rodilla, de cuello y mi poco dormir. Mi dolor de cuello que no me deja ver hacia bajo (hacia donde siempre veo). En el metro copilco cerrada una salida, bueno pues. Sigo. Me voy acercando a la facultad y prefiero ver hacia abajo a pesar del dolor, levanto la mirada y veo a una señora mucho mayor que yo y mucho más encorvada de lo que yo voy. Pienso: "La vida pesa un chingo" y sigo el caminar.
Voy algo estresada por mi examen de latín para el cual no estudié y decido comprar un paquete de mentas y un cigarro. Y ya voy a subir las escaleras para llegar a la facultad y de nuevo acordonado. Pienso: Sí, la vida pesa un chingo y está llena de caminos cerrados. El cigarro se apaga, lo vuelvo a prender y en unas cuantas fumadas me empieza a doler la llaga que traigo en la boca. ¡Puta madre! Sigo.
Llego al "ágora" donde hay mucha más gente de lo usual y busco a quien voy a ver. Llegué demasiado temprano y en vez de encontrar a quien buscaba me encuantro a otro amigo que me pregunta como estoy. Le digo que no tan bien y me pregunta: ¿Viste, te impresionaste?
-No, ¿de qué?
-Es que está acordonado porque mataron a un wey aca afuera.
Y ya se imaginan cómo se me vino el mundo encima.

Blablabla

Los gatos crispan la noche
la soledad moja mi alma,
habita y se revuelca en mi cama.
Escucho poesía mientras me amas
y todo va al ritmo
del nivel constante y primitivo
de la estupidez que se confunde
con un sabio en el mar
y una fruta en el árbol de la histeria .

La escultura
que haces con tus manos
termina por ser yo
y el color que saboreo
solo tú me lo das
aunque anhele
las cuerdas de plata
y de luna
del extraño
que se introduce en mi cráneo.

La apreciación
de mis ojos es daño
cuando
la sombra penetra
y retumba
en la penumbra
de la faz
de la santa y divina tierra
irrigada de latidos
emigrantes y hundidos
abajo de las piedras y el mar.

La mosca se prepara a disparar
jala el gatillo y ¡bang!
La locura ha terminado de ulular
la carnada ahora es la jauría
que no para de referir su memoria
en ladridos atenuados por el vidrio
y la luz lunar artificial
que reflejada en el espejo
llega a calmar
las ansias de morir.
La ansiedad que me devora y enflaca,
que me odia y me ama
y se vuelve la puta
que siempre he querido contemplar
sin poder cojerla.

La mirada de ella
que trato de evitar
se me impregna
y me parto a la mitad.
Mi otro lado
no sé en dónde puede estar
tal vez al otro lado del mar
con un pequeño canturrear.
Y quiero acariciar
el pensamiento
vago y preciso
que acabo de olvidar,
la página del libro
que acabo de leer,
el día que acabo de vivir.

En la desnudez del llanto
nadie puede gemir sin canto
ni hablar sin sal regada
en plata ennegrecida
por el disfraz de mimo
que la luz le da.

Sin los calzones puestos,
con la cabeza abajo
no paro de soñar
lo que es cansado
y nadie puede escuchar.
Con la criatura enfrente,
en el espejo,
no puedo meditar
sobre los símbolos
y el miedo,
el dharma,
la vida y lo demás.

Con el entendimiento
embarrado en el piso,
los pies colgados al techo,
me pongo a caminar
reinvento el mundo
cuando me deje su altura y edad,
soy el profeta vuelto
salido de la alcantarilla.
vengo de la subterraneidad,
tengo el canto sagrado
que no he podido expresar
del desconocimiento absoluto de la verdad,
tengo las palabras tercas
que nadie quiere escuchar,
tengo el futuro en los ojos
que me quiero sacar
y la cuchara con la que los he de arrancar.



Los gatos cesaron,
la noche se calla.
El rumor de tu lejanía dormida
me viene a despertar
y tus sueños
profanan la sacralizad
de los míos
que nunca logré recuperar.

El piano escupe
matices de grises
y no podré comprender
todo lo que he dicho
ni por qué me habría de callar.
Ni por què la insistencia
de querer fumar
en el nicho de tu vientre
tan suave y blanco
que no quise guardar.

Las palabras
siempre han sido
ajenas a nosotros.
Lo que sabemos
es solo parte
de la ilusión formada
por las letras
y la confusión condenada
para vivir en paz.
No hay que entender nada
ni hay nada que entender.

sábado, 30 de mayo de 2009

Catedral.

No sé qué buscan, ¿por qué revisan mi bolsa? ¿Temen que pueda matar a Dios? Ya estoy aquí.
Huele a iglesia, a muerte, a sacrilegio, a devoción, a sangre e incienso, a fuego y un poco a fe; el silencio no se oye, se siente…
Se está cayendo, se percibe al caminar, tal vez se está cayendo nuestra fe a pedazos, tal vez se hunde un poco más cada día o puede ser que la fe en nuestro pasado, surgiendo de la penumbra y el moho, esté tirando a ésta también putrefacta. No la dejamos que la tire, la enlatamos y ahí la vemos lejana, abajo, cuando esto se caiga sabremos la verdad, sin tantos adornos pesados y fieles a sí mismos pero nada más. Veremos las piedras con la esencia de los corazones latentes y sagrados, dejaremos de escuchar al órgano impresionante y frío para escuchar la piel. Las campanas perderán su badajo y dejarán de retumbar en nuestra fe, será otro llamado el que nos cobije.
La devoción se siente mejor con las manos juntas y los ojos cerrados, esta vibra de fanatismo está cimbrando cada vez más fuerte, ¿por qué te asustas? Sólo estamos “rezando”. Tu mirada aturdida no se parece a la de Dios, a ese que nos ve ya aburrido de las promesas y ruegos, cansado de todo y sangrante, triste, triste porque sabe que murió en vano y que ya sabemos la verdad, que lo que creemos es lo que él nos dice y no lo que nos dijo algún día, triste porque sabe que no es nadie, que cada vez creemos menos en él, que cada vez es más la costumbre y las lágrimas inventadas pero menos las fe, se siente, yo lo siento, él lo sabe.
A lo lejos se escucha un organillero, escucha bien… Escucha aún más lejos, ¿no oyes? Deberías de escuchar el pasado. ¿No escuchas el crujir de sus raíces levantando el suelo? ¿No escuchas el nombre verdadero de Dios? ¡Estás cegado y sordo por los superior mas no supremo, por la altivez de la bendición, por los murmullos que nunca escuchas claros! ¡Persígnate estás en la casa de Dios!...
A mi cara no se le resta el asombro ¡esto no lo hizo Dios, lo hicimos nosotros! (por eso nos caerá encima).
“Me envolvían redes de muerte, caí en tristeza y angustia, el miedo y el dolor me aprisionaron… Entonces invoque el nombre del señor y le rogué que me salvara la vida” (Salmo 115) él nunca llegó…
Dios te bendiga ¿el padre penitenciario? ¡Confiésate! ¡¿Cuáles pecados?!
Adoradores de la mercancía y el mármol: la obsidiana entra más en el cuerpo…

domingo, 12 de abril de 2009

Yo

Nunca puedo
estar a tiempo,
llegar temprano
(a la vida)
a la muerte.
Nunca puedo
no ir corriendo
por la vida
en busca de: algo.
Nunca puedo
dar un solo trago
(siempre doy más),
dar un solo paso
(no doy ninguno).
Nunca puedo
hacerte comprender
que te amo
sin alguna estupidez
que lo arruine.
Nunca puedo
terminar
lo que he empezado
o empezar
a terminar...